La botella de vino: El tamaño si que importa

Tamaño botellas de vino

Ya hemos hablado anteriormente en este blog sobre la importancia de la conservación del vino una vez que este ha salido de la bodega. Aparte de una buena vinoteca donde el vino pueda seguir evolucionando correctamente, debemos destacar dos factores del “envase”, uno es el corcho y otro la botella.

No debemos olvidar que el vino es un ser vivo y seguirá evolucionando en el interior de la botella hasta su momento óptimo de consumo. Dependiendo del tipo de vino y de la forma de almacenarlo, ese momento óptimo llegará antes o después. Una vez superemos ese punto, el vino empezará a perder cualidades…

Hoy en día, el vino se envasa mayoritariamente en botellas de vidrio, aunque existen otros materiales como bricks o latas especiales para vino, ninguno de estos es aconsejable para conservar el vino por largo tiempo. No obstante, la botella no se empezó a usar para envasar vino hasta el siglo XVII, ya que con anterioridad a ese periodo se empleaban otros materiales tales como ánforas de barro, tripas de animales o barriles de madera.

Hagamos un breve repaso por los más comunes tipos de botellas que encontramos en el mercado. En cuanto a la forma, pueden ser:

  • Borgoña: El diseño más antiguo de las que se conocen. Toma su nombre de la región en la que se creó. Presenta los hombros en pendiente, lo que le confiere un aire estilizado.
  • Bordelesa: La más común de todas. Al ser cilíndrica, permite el almacenamiento de los vinos en posición horizontal sin ningún problema.
  • Rhin: Originaria de la zona del río Rin (Alemania). Su forma es muy estilizada gracias a su altura y hombros en caída.
  • Cava o Champagne: De hombros bajos y paredes muy gruesas, cuenta con una oquedad en su base para resistir mejor la presión de los vinos espumosos.
  • Jerezana: Muy similar a la bordelesa, es sin embargo una aportación española. Presenta un abombamiento en el cuello y un gollete en dos fases.

En cuanto al tamaño es importante saber que influye de manera considerable en el envejecimiento y conservación del vino. La evolución del vino es más lenta a medida que aumenta el tamaño de la botella. Tenemos:

  • Benjamín: 18 cl.
  • Tres octavos: 37 centilitros.
  • Tres cuartos: 75 centilitros. (la más común)
  • Magnum: 1,5 litros.
  • Jeroboam: 3 litros.
  • Imperial: 4 litros.
  • Rehoboam: 4,8 litros.
  • Mathusalem: 6,4 litros.
  • Salmanasar: 9,6 litros.
  • Baltasar: 12,8 litros.
  • Nabucodonosor: 16 litros.
  • Salomón: 18 litros.

El color de la botella, también tiene mucha importancia para proteger el vino de la acción solar. Los colores más empleados son el verde, azul o negro.

Vino en lata

Y digo yo… ¿Qué pensarán nuestros abuelos? Aquellos que solían ir a disfrutar un Domingo al campo y para ello tenían que madrugar, hacer una tortilla de patatas, preparar una ensalada (campera, por supuesto…), cortar unas lonchitas de buen jamón (aunque rara vez ibérico…), completar el macuto con una botellita de vino y de camino al coche, comprar un par de barras de pan en la panadería del barrio.

Me atrevería a decir que los tiempos han cambiado un poquito, aunque sólo sea porque ahora todo se puede comprar de camino al coche…, sólo que la tortilla viene embasada al vacio, tardaremos un buen rato en elegir el tipo de ensalada que vamos a comprar, el jamón viene cortadito en lonchas muy, pero que muy finas, separadas por láminas de plástico todavía más finas (me pregunto cómo será la máquina que lleva a cabo ese proceso), la barra de pan ha sido previamente congelada y el vino…. el vino nos lo podemos llevar en una lata y ya de paso nos ahorramos el sacacorchos.

vino en lata

Dejando a un lado las comparaciones entre pasado y presente, mi opinión sobre este relativamente nuevo “invento”, es positiva. Nos encontramos ante una opción más para consumir vino. Pensemos en ocasiones en las que nos podría venir muy bien una lata de vino:

• Ruta con almuerzo en la montaña.
• Comida en el lugar de trabajo.
• Un día de playa.
• Solteros/as que no quieren abrir una botella para ellos solos.
• “Botellón”. ¿será una oportunidad para acercar el vino a los jóvenes? ¿Habría que denominarlo” Latón”?

Creo que las situaciones propensas para abrir una lata de vino pueden ser muchas
. Evidentemente, no esperaremos un gran vino (esos los seguiremos bebiendo en botella, con su corcho y todo…), pero si un vino aceptable, incluso con denominación de origen, como ya comercializa en España Bodegas Elósegui.

Sin duda, alguna de las preguntas que os rondarán, es saber cuanto tiempo puede aguantar el vino en el interior de una lata. Es importante decir que el vino se mantiene en perfecto estado dentro de la lata. Las condiciones son muy similaras a cuando se almacena en depósitos de acero dentro de las mismas bodegas.

A pesar de lo dicho, cuando vaya a comer a casa de mi abuela, seguiré llevando una “botella” de vino,

Corchos, los pequeños guardianes del vino

corchos-saberdevino

Los corchos para vino, esos pequeños desconocidos a los que el consumidor de vino no da demasiada importancia hasta el momento de enfrentarse a ellos con el objetivo de separarlos de quien ha sido su compañero fiel durante los últimos años, la botella.

Sin embargo, estos pequeños tienen una importancia vital. Tan vital, que unos pocos de ellos fueron capaces de provocar la mayor crisis a la que se enfrentó la todopoderosa bodega Vega Sicilia. Comentaré este sonado caso más adelante, pero ahora veamos algunos aspectos interesantes sobre el corcho.

El corcho procede de la corteza de los Alcornoques (y prometo no estar pensando en nadie en estos momentos…). La península Ibérica produce las ¾ partes de los corchos empleados en el mundo, siendo España el productor más importante.

El corcho es el principal material elegido para cerrar las botellas de vino, por su elasticidad, capacidad aislante, impermeabilidad y durabilidad, entre otros.
La principal función del corcho, es la de proteger el vino de los agentes externos, impidiendo la entrada de aire desde el exterior y la salida de vino desde el interior. Antiguamente, los corchos eran lacrados con el fin de aumentar la protección. Esa técnica ha sido sustituida hoy en día por cápsulas de plástico.

Podemos considerar al corcho como una especie de “chivato” que en cuanto se libera de la botella es capaz de traicionar al líquido con el que ha compartido años de soledad y recogimiento. Si un corcho está en mal estado, es muy probable (aunque no seguro), que el vino esté también en mal estado.

Es muy importante observar el corcho cuando abrimos una botella y tener en cuenta:
• El color será púrpura tirando a brillante cuando descorchamos un vino joven y más oscuro y apagado cuando descorchamos un Reserva o Gran Reserva.
• La forma debe ser lo más uniforme posible. Los abultamientos son síntoma de cambios bruscos de temperatura, que han podido dañar el corcho y el vino.
• Manchas. El corcho debe estar manchado únicamente en su base. Si encontramos un “reguero” de vino a lo largo del corcho, significa que existe algún mínimo hueco entre el corcho y el cuello de la botella, lo que quizás haya provocado la entrada de aire desde el exterior y por tanto la oxidación prematura del vino.

Hay muchos tipos de corchos, con sus diferentes calidades y tamaños. Analicemos algunas de sus características:

Tamaño: El diámetro de un corcho suele estar en torno a los 22mm, llegando a comprimirse hasta los 18mm en el interior de la botella. En cuanto a la longitud, van desde los 44mm hasta los 53mm. Cuanto más largo sea el corcho, mayor su calidad. Los corchos más largos se usan en vinos Reserva y Gran Reserva. Los más cortos, se destinan a los vinos jóvenes o blancos. Los corchos de champagne o cava tienen un diámetro mayor de unos 31mm y su forma es cónica en la base para impedir que resulte expulsado por la presión del interior de la botella.

Material: Como decimos, el material empleado para la elaboración del corcho proviene de la corteza de los Alcornoque alcornoques. En algunos casos, el corcho se elabora con madera conglomerada. Estos corchos son de menor calidad por lo que se utilizan para vinos jóvenes y/o económicos. Como curiosidad, destacar que la corteza de los alcornoques es ignífuga y si no te lo crees, trata de prender fuego a un corcho…

Mantenimiento: Para la buena conservación del corcho, las botellas deben almacenarse horizontalmente, consiguiendo así que el líquido esté en constante contacto con el corcho, evitando que éste se reseque y agriete. Muchos fabricantes utilizan parafina para untar el corcho y aumentar así la vida útil del mismo. En cualquier caso la vida útil de un corcho se sitúa en unos 15 años, por lo que los vinos embotellados durante más de ese tiempo deberían ser re-encorchados. Esta acción no tiene porque dañar el vino si se realiza correctamente.

Hemos comentado las propiedades positivas del corcho, que como veis son muchas. Sin embargo, el corcho tiene un terrible enemigo llamado TCA. El TCA es una enfermedad provocada por un tipo de hongo que en ocasiones encontramos en los corchos para vino. Es un tema amplio que será tratado como se merece en sucesivos posts. Simplemente comentar que el TCA puede echar a perder la producción entera de cualquier bodega. Esto mismo fue lo que le sucedió a la bodega Vega Sicilia en el año 1.999 con su vino Valbuena (la segunda marca de la prestigiosa bodega de la Ribera del Duero). Así sucedió:

La cosecha del año 1.994 en la Ribera del Duero fue considerada como muy buena. Vega Sicilia, embotelló su vino Valbuena en Diciembre de 1.997 con la intención de conservarlo en botella durante 14 meses más antes de empezar a comercializarlo. Durante el año 1.998, la bodega realizó catas en bodega y los resultados catalogaban el vino como uno de los mejores Valbuena de los últimos años. Sin embargo, a principios del año 1.999 empezaron a notar una reacción extraña en el vino y las alarmas se dispararon.

Tras consultar a Pascal Chatonnet, considerado el gurú del TCA, se confirmó la peor de las noticias, el Valbuena del 94 estaba contaminado de TCA con 130.000 botellas en la calle.

La bodega se apresuró a enviar circulares explicando lo sucedido y tratando de retirar del mercado el mayor número de botellas que le fuera posible.